Un blog para reírnos de nuestros momentos miserables y relatar la alegría de estar vivos.
jueves, julio 20, 2006
Tristeza infinita
Hoy recibí un mail que me paralizó. Alguien que conozco y que aprecio, me envió una poesía que hablaba de esta guerra. Tomaba claramente una posición. Como la persona que me mandó la poesía no agregó ningún comentario, concluyo que tiene una posición similar. Dudé en contestarle, porque aprendí que hay cosas que es inútil contestar. Sin embargo, cuando salí del estupor, decidí hacerlo.
La poesía fue escrita Gabriel Impaglione. La transcribo.
Pregunto: dónde estan los niños?
He visto las mismas bombas que astillaron Bagdad
como una antigua magnífica cerámica
caer con su bramido de roja singladura
sobre Beirut.
Es verdad que el miedo se espesa
hasta hacer coraza de la piel ardida?
Cuánta muerte, Andrés, amigo mio,
significa Israel partida por la rabia?
Se puede medir la gravedad del miedo,
la profundidad de la sangre?
Como se dice Basta para que se entienda?
Cuántos muertos sin muerte en los refugios
donde también se apilan desmemorias!
Es verdad que en Beirut las calles
conducen sólo a una gran tumba abierta?
Dónde estan los niños?
Han sobrevivido las muchachas que resplandecían
detrás de los inmensos ojos negros?
Va de cadáver en cadáver la poesía
que abrió las ventanas del Líbano
a paisajes de andamios y de pájaros?
Dónde esta los niños?
Dónde!
Dónde estan los niños!
Generales, mercaderes de armas, traficantes
de banderas, secuaces del imperio:
dónde estan los niños!
Si es verdad que las heridas
lloran gotas de respuestas rotas, el aire
es espada que destroza la mano que la empuña.
Porqué Joumana los verdugos
cuando todo pedía por el canto?
Dónde estan los niños!
Junto a los huesos de sus padres en las cárceles
y los centros de tortura?
Bajo la lluvia de plomo a mansalva?
En las orillas de las ciudades sitiadas por el odio?
Las mismas bombas que una vez y otra
se repiten imbéciles, ciegamente imbéciles
sobre plazas, mercados, aulas y cocinas,
sobre los niños del Líbano y Palestina,
sobre todas las conciencias
también caen ahora sobre mi casa.
He aquí mi respuesta:
Pienso que todas las muertes son infinitamente dolorosas. Lo que no entiendo mucho es porqué los padres de estos niños y sus gobernantes albergaron en su país a una organización terrorista como Hezbollah. ¿En qué estaban pensando cuando decidieron hacer eso? El terrorismo es salvaje. ¿No pensaron que Israel tenía algún derecho de defenderse como país, de defender a su población? ¿En qué estaba pensando Hezbollah cuando tiró el misil en Nazareth y mató a 2 nenes árabes?
¿En qué piensan los padres palestinos que mandan a sus niños a tirar piedras? ¿Por qué se esconden tras sus hijos?
Las muertes de los civiles israelíes, valen menos?
¿Es lo mismo invadir un país como Irak que tener que defenderse, y no tener más remedio que bombardear como respuesta?
Si estamos en desacuerdo con ciertos aspectos de la política internacional de EEUU, ¿eso se tiene que extender necesariamente a un desacuerdo a todo lo que apoye Bush absteniéndonos de pensar por nosotros mismos? Con ese criterio deberíamos ponernos felices por las Torres Gemelas, no? (Aclaro que no estoy para nada de acuerdo con la invasión norteamericana a Irak).
Israel no tiene problema de vivir con los árabes como vecinos, pero evidentemente a algunos árabes sí les molesta que Israel exista. Creo que Israel tiene todo el derecho a defenderse de un ataque de una organización terrorista como Hezbollah cuyo objetivo es que Israel sea borrado del mapa de Medio Oriente. Y no te quepa duda que si Israel no se defiende es exactamente lo que va a pasar.
En la Guerra del Golfo la población civil israelí fue atacada con misiles en una contienda bélica de la que ni siquiera participaba activamente e Israel no respondió.
Creo que antes de emitir juicios o reenviar juicios de otros, sería muy aliviador poder pensar por nosotros mismos.
Si querés aprender un poco más sobre la Historia del mapa actual de Medio Oriente, te recomiendo la película Lawrence de Arabia. Es muy fiel a los hechos que se sucedieron a comienzos del siglo XX.
lunes, julio 17, 2006
Lo que pasa ahora en ese "paisito inolvidable"
Vaya si lo es.
Sigo adelante con mi vida, pero con una tristeza inmensa e inevitable por lo que está pasando en Israel.
Mandé mails. Hablé con tíos, primos y amigos. El que no tiene un integrante de la familia enrolado actualmente en el Ejército, tiene uno que puede ser llamado como reservista en cualquier momento o vive en el norte; o no. A esta altura da igual.
Conozco a alguien que vivió mucho tiempo en Israel. Actualmente se encuentra en Buenos Aires. Fue llamado como reservista y le solicitaron que esté "ubicable".
Es la primera vez que tengo una sensación de guerra tan vívida. Claro, la guerra dejó de ser una sensación para transformarse en una realidad más que vívida.
Escucho radio israelí por Internet. Algunos programas siguen con su rutina habitual, en un intento de seguir con una cotidianeidad lo más parecida a una vida sin bombas ni refugios. Otros cambian merced a los acontecimientos. Los oyentes se comunican de todas partes del país y de otros países. Ahora habla uno desde Vancouver, Canadá.
Y mañana, otro aniversario aterrador de la AMIA.
En ese ritmo pendular transcurren mis horas. Mis días.
miércoles, julio 12, 2006
Lo que pasó el 6 de mayo (o Meyer no shores)
Bueno, el tema es así.Meyer es el marido de Sonia. Ambos viven en Israel con su prole. Tres bellos niños: Elian, Itai y Alón (o Alá lalá lalón).
Como les anticipé al final del mail fechado el 5 de mayo, al día siguiente fui a la playa con Sonia, Meyer y flia.
Por mi ajetreado "lifestyle" me olvidé de contarles la crónica, y Meyer me reclamó por chat, además de hacer público su despecho en un comentario del blog.

He aquí la crónica. De todas las veces que fui a la playa en todos mis viajes a Israel, puedo decir sin temor a equivocarme que más del 50% lo hice en compañía de los Szydlo (a la sazón, Sonia y Meyer). Esta vez recalamos en una playa de Hertzlia Pituach, y en seguida buscamos una suerte de gazebo gigante, que viene a cumplir la función de "sombra pública" bajo el caliente sol de Medio Oriente. Este gazebo lo utilizan, en su mayoría, familias con bebés y/o con chicos muy pequeños. Cabe aclarar que el espacio de sombra que conseguimos fue mínimo, pero igual nos acomodamos.

Los chicos más grandes fueron al agua previo encreme con protector solar factor un millón con el padre y Sonia, Alón y yo nos quedamos charloteando. (Por supuesto que Alón no charló; creo que estaba ocupado con la teta de su mamá). Luego llegó el resto de la familia de su baño en el mar y nos dedicamos a almorzar sandwiches de humus con pastrón y otra clase más que no me acuerdo. Típico pic nic playeril.
Después me tocó hacerme cargo de los niños, cosa que hice con mucho gusto, tratando que no se maten en la trepadora (y no maten a otros chicos).
Finalmente recalamos en la Marina y su shopping Arena. Lo increíble es que los sábados casi todos los comercios del shopping están cerrados por Shabat, pero algunos locales de comida están abiertos y la gente va a pasear en manada a ver vidrieras y a COMER (deporte muy popular entre los israelíes). Nosotros hicimos lo propio en una heladería frente a la Marina. Cuando los chicos se enchastraron lo suficiente, emprendimos el regreso.
Un bello día playeril en muy buena compañía.
En las fotos: Sonia y la que suscribe. (Aclaro que primer Meyer sacó una foto en la que se veía mi pierna en toda su extensión y magnitud y se la hice borrar con urgencia). Meir y Alón en el espacio de sombra.
Besos mojados, v.
viernes, julio 07, 2006
La clase media fue al paraíso (y volvió) - (fechado el 12 de mayo de 2006)
Queridos todos,Ayer por la tarde Alegre y yo hemos vuelto de nuestro paseo por la isla de Rodas. La pasamos muy bien.
El hotel (cuatro estrellas, media pensión, pero que no proveía de shampoo) estaba minado de jubilators provenientes de Noruega y adyacencias. Se nota que sus pensiones son generosas y que pueden darse estos gustazos. Felices ellos. Argentina año verde.
Para ellos será como ir a Mar del Plata.
El primer día visitamos la ciudad vieja. La recorrimos de punta a punta y estuvimos en la antigua sinagoga. La comunidad judía de Rodas contaba con 4000 miembros, de los cuales 1800 fueron muertos en los campos de exterminio nazi. Al lado de la sinagoga hay un pequeño museo que ilustra con fotos la vida de la comunidad en su época de florecimiento cultural y económico. Cerca, en una plaza, un pequeño monumento in memorial escrito
en ladino (lengua que hablaban los judíos del lugar), italiano, ingles, hebreo y francés honra la memoria de aquellos cuya vida fue truncada.
También fuimos a
El segundo día fuimos a la playa de Lindos, escenario paradisíaco de la película Yo amo a Shirley Valentine, donde la celebre frase FUCK is FUCK, BOAT is BOAT saltó a la fama (el que no vio la película, que corra a alquilarla y después me cuenta). Lindos tiene una de las únicas playas arenosas de la isla (la mayoría de las playas son de piedra), así que nos gastamos la guita loca en alquilar una sombrilla y 2 reposeras y tirarnos al sol como 4 horas. (Carolina, tomé sol otra vez).
Antes de contarles lo que hicimos el tercer día, y releyendo el mail, me doy cuenta que todo suena muy civilizado y los estoy privando de las andanzas de mi madre, que hicieron que el viaje además de hermoso fuera comiquísimo.
Primero y principal: todo carísimo. Con decirles que éramos las únicas latinas paseando por ahí (los otros sudacas que caminaban era una
pareja de argentinos que hace 4 años que vive en Israel, y que para ellos los precios
no son tan caros). Falta que pongan en el aeropuerto un cartel que diga PROHIBITIVO para LATINOS, PRECIOS MORTALES, y estábamos listos.
Alegre, encargada de las vituallas, le saco el jugo hasta el final a la bendita media pensión que teníamos en el hotel, preparando el almuerzo cuidadosamente envuelto en servilletas de papel y bolsitas. El único detalle
fue que el primer día sacó comida como para 6 comensales de muy buen comer. Con decirles que tuvimos que tirar la mayor parte, y mi mamá se
lamentaba que no había pobres que pudieran aprovechar la comida.
Utilizábamos las mil y una estrategias para que no nos decapiten con los precios (todas lícitas, aclaro). Algunas nos salían bien y otras, no tanto.
Mi función era de traductora y usos
múltiples. Igual, Alegre a veces se empecinaba en preguntar ella, entonces les decía a los greeks: I want to ask you something, BUT I don't understand English. So please, I say a word and you say a word. Créanlo o no, se las arreglaba para tener conversaciones con la gente. Tengo muchas anécdotas al respecto, que se las contaré a la vuelta (sólo si me ruegan).
El tercer día navegamos hasta la isla de Symi, el lugar soñado para ir de luna de miel. Symi esta cerca de Rodas, tiene casitas pintadas de mil colores y sus pobladores venden las esponjas naturales que sacan del mar (te sacuden cada esponja desde 4 euros, hay algunas cuyos precios se elevaban hasta 13 euros - una bicoca, pero los franchutes meta comprar ante mi más atónita mirada de deseo). Decidimos tirar la chancleta con mamá y comernos una ensalada compartida en un lugar precioso con un mozo ídem además de simpático y seductor.
Bueno, ayer a la tarde volvimos a Israel. Nos tomamos un tren al llegar al aeropuerto de Ben Gurion, y luego un bus a Raanana (donde viven mis tíos). Ahora los precios en shekels nos resultan baratos (creer o reventar).
Bueno chiquis, los voy dejando.
Hasta la próxima.
Muchos besos, v.
viernes, junio 30, 2006
Mar Muerto, Ninette, Ulises, alguien más y los pajaritos desgraciados (fechado el 5 de mayo de 2006)

Bueno, les cuento.
El Día de la Independencia (Iom Haatzmaut) fuimos al Moshav (establecimiento agrícola parecido al kibutz) Bitzaron, donde nos encontramos con toda la familia Saban, cuya matriarca es prima hermana de mi abuelo materno. También festejaban el bat mitzva de la hija de los dueños de casa. Catering con asado estilo brasileño, todo al aire libre, música, baile. Precioso. La pasamos bárbaro. Lo único que lamento es que no pude grabar a Rebeca (la ladino parlante), porque no me dio el tiempo.
Los dueños de casa exportan ajo, caqui y bulbos de lirios al mercado común europeo.
En la foto, Alegre, mi madre, preciosa, y Rebequita, quien fue preciosa en su tiempo.
Al día siguiente partimos al Mar Muerto desde Tel Aviv. Cuando llegamos a la Estación Central de Jerusalem, todos bajamos del micro con nuestras pertenencias para pasar por la misma revisación de seguridad que poseen los aeropuertos (detección de metales y rayos X para el equipaje). Después subimos al mismo autobús. La Estación Central también cambió mucho desde la última vez que estuve ahí. No solamente en términos de Seguridad, sino que ahora también se convirtió en un shopping de la san puta. Otra curiosidad es que por primera vez vi chicas soldado religiosas, con pollera larga hasta los tobillos.
En el viaje escuché a 2 chicos (pareja) hablar en español. Uno venía de Brasil - Ulises - y el otro de Perú - les debo el nombre. No pude con mi genio y los asesoré para que fueran al mismo lugar donde íbamos Alegre y yo, donde y cuando tomar el micro de la vuelta y que hacer los días que les quedaban en Jerusalem (vinieron por nada más que una semana).
Fuimos a una especie de parador que se llama Jof (Playa) Mineral, que incluía varias cosas. Antes que nada, Alegre anunció que tenía hambre. Inmediatamente me di cuenta que no iba a poder dar ni medio paso ahí adentro si no la alimentaba primero. Por suerte su prima Adina nos dio unos sandwiches, manzanas y una botella de agua. Empezamos con los sandwiches y a los 30 segundos una multitud de pajaritos (gorriones y otros) nos invadieron. Fieles al estilo israelí, estos pajaritos no tuvieron ninguna vergüenza y se acercaron sin cuidar ninguna distancia ni protocolo. Me puse histérica (la naturaleza me gusta, pero con reservas) y empecé a tirar pedacitos de pan para que se ocuparan en algo y me dejaran en paz. Algunos pedacitos jamás llegaron al suelo porque los pajaritos cazaban el pan al vuelo. Esta vez la que se histerizó fue Alegre que me dijo que antes de pensar en los bichos, mejor le daba el pan a ella. Temí por mi integridad física, así que comí rápido medio sandwich y guardé lo que quedaba en el papel film, mientras mi madre espantaba a los pajaritos.
Cuando terminamos de comer y nos cambiamos, nos metimos a unas piletas de aguas termales con azufre (45 grados). Una señora que estaba ahí - Ninette, de
más o menos unos 67 años, la escuchó a Alegre y se puso a chapurrear con ella en francés, inglés y un poquito de español. Resulta que la señora vivía en Israel y la hija trabaja para los productos Ahava. Entonces nos asesoró sobre como realizar todos los pasos del spa del Mar Muerto y qué barro ponernos (uno negro casi como alquitrán) y de dónde sacarlo, y nos advirtió que ese mismo barro se vende a 10 dólares el medio kilo. Como toda persona que camina por Israel, no escatimó en gastos para darnos consejos sobre cómo se debe vivir la vida, el matrimonio y otros entuertos. Muy simpática la señora, que si no la ahogaba ahí mismo.En la foto, Ninette et muá.
Al final de la jornada, en el vestuario también fui testigo de toda una discusión entre las presentes sobre las instalaciones y el servicio y si en otro parador es más caro o más barato. Lo gracioso era que todo el debate transcurría mientras todas nos poníamos las bombachas y corpiños.
Partimos hacia Jerusalem y luego a Tel Aviv.
Esa noche me reencontré con mi amiga Rosalie Sitman, a quien conocí en el avión en el 95 y quien entonces llegaba a Buenos Aires para realizar su tesis sobre Victoria Ocampo. Nada iguala la conexión entre las almas que se renovó en el encuentro, a pesar de que no nos vimos durante largos años. Estoy muy agradecida a mi mamá por este viaje, que, aunque a veces tan difícil, me esta dando tantas satisfacciones.
Hoy tuve un buen día (entre ajetreado, emocionante y tranquilo).
Mañana me encuentro con Sonia y Meyer y su prole. Parece que iremos a la playa.
Besos salados, v.
jueves, junio 29, 2006
Noche de un día glorioso (fechado el 2 de mayo)

Según la tradición judía, los días comienzan con los atardeceres del día anterior. Esta concepción tiene sus raíces en el libro de Génesis, en el relato de la creación del mundo.
Hoy al atardecer comenzó Iom Haatzmaut, el Día de la Independencia. 58 años desde el establecimiento del Estado de Israel. Casi nada.
El parque de Raanana (la ciudad donde me hospedo, comparable a Olivos) se llenó de gente de todas las edades, colores y grado de religiosidad. Fuegos artificiales. Orquesta en vivo y muchos bailando rikudim.
Un montón de puestos de comida, con manjares típicos, pero no faltó el de Chorizo y Empanadas - Gusto Argentino. No había venta de alcohol. El intendente, un director de escuela y docente de matemática, camina tranquilamente entre la gente con su hijo. Saluda y es saludado.En un momento perdimos a Alegre. Todos se preocuparon. Yo no. Sabía que la estaba pasando bomba mezclada en toda esa alegría. (Dicho y hecho).
Mañana vamos al moshav a pasar el día con los Saban. El jueves vamos al Mar Muerto. Finalmente el domingo vamos a Rodas x 5 días - ya reservamos. Seguramente la otra semana vamos a Ierushalaim. Igual, el jueves a la noche meta charla con Rosalie. Me olvidé que el lunes fui al Shuk HaCarmel (Mercado abierto donde todo puede ocurrir - está en Tel Aviv). Me divertí como loca, pero eso merece un capítulo aparte.Bueno muchachos, nos estamos viendo.
Besos, banderas y chau
martes, junio 27, 2006
Memoria y Balance una semana después o qué buena tarde para fumarse un porrito (fechado el 30 de abril de 2006)

Hola a todos,
Releyendo el mail que mandé efectivamente el 30 de abril a muchos de mis amigos y familiares, me encontré que la mentada Memoria y Balance no era más que un bis de crónicas anteriores, con uno que otro agregado. Todavía estaba sorprendida por Israel. Todavía estaba sorprendida por los precios (no entiendo porqué exactamente, era claro que el 1 a 1 ya no existe y que claramente iba a encontrar precios, digamos, diferentes, por no decir decididamente más abultados).
Así que les ahorraré el tiempo y la molestia de leer 2 veces lo mismo.
La foto la sacamos en Acre. Vi ese grupo de hombres fumando Narguile y no dudé que quería meterme en el medio e inmortalizar el momento.
Les adjunto mis impresiones del 30 de abril sobre los israelíes: Siguen siendo muy graciosos, todo el país parece por momentos una casa llena de adolescentes, donde cualquiera le puede decir al otro lo que se le antoja y de la forma que se le canta. A veces es muy divertido, pero otras molesta bastante porque pueden ser un poco agresivos.
Hasta prontito, v.
jueves, junio 22, 2006
Cambia, todo cambia (fechado el 26 de abril de 2006)
Lo cierto es que fuimos a Acre en tren (una maravilla). La pasamos bárbaro, especialmente en el shuk (mercado árabe). Fue el primer encuentro que tuvimos con los recuerdos de nuestra infancia. Sí; tanto la de mi mamá como de la mía. Los sabores, los olores. El verde intenso del pistacho.Acre ha cambiado mucho desde que estuve por primera vez hace 11 años. Merced a una nueva Asociación de Fomento para el Desarrollo de Acre, todo ahora es FOR EXPORT y se paga hasta la respiración.
Lo que me molestó en realidad fue esa especie de destrucción de mis recuerdos, de una Acre apacible y tranquila que mostraba sus tesoros a quien los quisiera descubrir.
Gracias al espíritu incansable de Alegre, y su energía de no sé cuántos caballos de fuerza, visitamos lugares a los que yo no había llegado la primera vez, como la famosa Cárcel de Acre (les recomiendo echar una ojeada al link - después me cuentan).
No es el objetivo de estas líneas atiborrar a quien las esté leyendo con datos históricos, sobre todo hay quien los ha registrado mucho mejor de lo que yo podría hacerlo. De todas maneras, la Historia de esta ciudad es absolutamente curiosa. Por eso, los invito a espiar más información aquí.
Mañana nos vamos a Safed, una pequeña ciudad muy antigua, donde muchos artistas tienen sus estudios que se encuentran abiertos al público. Safed es un centro de Cábala y meditación y llegan a esta ciudad personas de todas partes del mundo para estudiar.
Pero estamos dispuestas a pasarlo en grande lo mismo.
Nos estamos viendo, v.
martes, junio 20, 2006
Malka (comentario extemporáneo)
Nunca comenté en mis mails durante el viaje sobre Malka. Un poco porque algunos ya conocen la historia, y no quería escribirla nuevamente para no aburrir, y otro poco porque los que no la conocían tal vez no tenían ganas de leer sobre el tema en mis textitos "express" que daban fe del recorrido que estábamos haciendo.
Pero partir es volver un poco. Y en general los viajes hacia afuera también lo son hacia adentro, así que creo que vale la pena tomar un respiro en la crónica y contar sobre Malka. Porque hay cosas que son importantes registrar por escrito.
Conocí a Malka en Buenos Aires en febrero de 2004. Llegó a Buenos Aires desde Israel con su marido Beni y su hijo Ianiv, quien los acompañaba. Beni venía a transplantarse el hígado, seriamente afectado por causa de los fármacos que le administraron para tratarle una afección en la médula.
Israel es un país que, por motivos religiosos, tiene pocos donantes de órganos. Por esta razón, una ley obliga a los seguros médicos a financiar un transplante en el exterior en el caso de ser necesario. Actualmente existen varias empresas que funcionan como intermediarios entre los seguros médicos israelíes y las instituciones médicas de los países donde se practica el transplante: Estados Unidos, Colombia y (por unos pocos meses) Argentina.
Cuando llegaron Malka y Beni, yo trabajaba para esta empresa intermediaria israelí como traductora hebreo - español y además coordinaba al equipo de traductores que acompañaban a otros pacientes y familiares.
No voy a entrar ahora en la discusión sobre el tema de los transplantes a pacientes extranjeros. Da para largo y no es el objetivo de estas líneas.
Sólo quiero escribir sobre el vínculo que me une a esta mujer y su familia.
Malka y Beni estuvieron en Buenos Aires cerca de 4 meses esperando un transplante que nunca tuvo lugar, ya que a Beni le diagnosticaron leucemia en los exámenes pre quirúrgicos. La situación fue sumamente difícil, como toda vez que la muerte se muestra tan pornográfica y explícitamente.
Beni y Malka volvieron los últimos días de abril a Israel y él falleció al poco tiempo.
Pocas circunstancias unen a los seres humanos como asistir a una persona durante sus últimos días sobre esta tierra. Por supuesto que el tiempo que estuve con Malka y Beni excedió por mucho lo que tenía que ver estrictamente con lo que se supone era mi trabajo. También tuvo mucho que ver cómo eran ellos y la empatía natural que surgió.
Malka y Beni se conocieron muy jóvenes en Israel. Ella tenía 14 años. A los 17 se casó con él.
No fue fácil llegar al casamiento. Malka estaba muy enamorada y Beni era iraní y su familia (la de ella), no estaba muy feliz con la idea de ese casamiento. Entre otras cosas, arguían que él era una "bestia negra" (shwartze jaie) y que le iba a pegar y llenar de hijos. Malka sabía positivamente que él no le pondría jamás una mano encima para lastimarla. En cuanto a los hijos, era justo lo que ella tenía en mente, así que no podía preocuparle menos.
Pocas veces tuve el honor de presenciar un vínculo tan fuerte. No simbiótico. Fuerte. Se notaba el amor. Tan simple como eso.
El tiempo que compartimos juntos en Buenos Aires dio lugar a experiencias varias. El casino ocupaba buena parte de sus días. No eran jugadores compulsivos ni mucho menos. Sólo descubrieron que el juego les permitía evadirse algunas horas de lo asfixiante de la enfermedad. Algunas veces los acompañé. No soy aficionada al juego, con lo que rompí mi propio record de permanencia en el casino flotante. Hasta terminé jugando.
No volví al casino nunca más.
Los israelíes tienen una ocupación nacional y permanente: buscar pareja a los solteros. No fui la excepción. Cierto médico fue interceptado por el radar de Malka y Beni, quienes no escatimaron esfuerzos, aún en la situación penosa en la que se encontraban, hasta averiguar la data necesaria para saber si el galeno en cuestión estaba disponible o no. Todo el episodio fue muy gracioso, sobre todo porque una vez que me senté a tomar un café con él y el tipo me aclaró que estaba saliendo con alguien (cosa que yo desconocía al momento de salir con él) pero que igual estaba dispuesto a salir conmigo, Malka declaró ante mi asombro: si no vive con la "novia", vos seguí conociéndolo, por algo estaba ahí sentado con vos; lo que le valió una medalla de parte de mi grupo de amigas.
For the record, aclaro que jamás llegué con el doctor ni siquiera a primera base, ya que me di cuenta a tiempo que buscábamos cosas muy distintas, pero me encantó el espíritu emprendedor y abierto de Malka.
Malka se transformó en una madre para mí. Puedo hablar con ella de temas que con mi propia madre jamás pude hacerlo.
Cuando se enteró que yo iba a Israel, vino a visitarme el mismo día en que llegué y tuvo atenciones conmigo que yo no esperaba.
Fue muy importante para mí conocer las caras de los nombres que había escuchado durante tanto tiempo.
Fue fundamental visitar la tumba de Beni.
Fue bueno re conocer a Malka en su propio habitat, en circunstancias de tanta felicidad como preparar el casamiento de su hija menor.
La foto fue sacada en la calle Najalat Biniyamin, donde se encuentran las grandes sederías en Tel Aviv (una especie de calle Alsina). Malka fue a comprar la tela para el vestido que iba a usar en el casamiento de su hija. En la foto aparecen también Rajel y Ester, dos amigas de Malka que tuvieron una participación especial en la compra de la tela. Pero esa es historia aparte.
Nos estamos viendo.
jueves, junio 15, 2006
Shalom desde Medio Oriente (fechado 24 de abril de 2006)

Bueno, qué decirles.
Ustedes se preguntarán cómo hicimos para juntar 100 kilos. Les explico. Mi valija salió de Buenos Aires con un modesto peso de menos de 30 kilos (lo permitido eran 32), pero mi mamá tuvo el buen gesto de aceptar de un primo de un amigo un bultito como de 5 kilos (crema de afeitar, shampoo y otras cosas que no existen en Israel), monedas para un coleccionista, alfajores a granel y quién sabe qué más. Cabe aclarar que en la mano llevábamos vinos y otras cosas no aconsejables de meter una valija.
Flopy se parece a mí.
Con Alegre iremos a Grecia. Hay unos paquetes de último minuto que te la voglio dire.
viernes, junio 09, 2006
He vuelto
Hace una semana y algunas horas he vuelto de viaje. Después de 11 años, volví a Israel por 40 días aproximadamente, menos como 5 donde Rodas (Grecia) nos vio rodar a mi madre y a la que suscribe.Hace una semana y algunas horas volví a Buenos Aires. A mi casa. A mi ducha. A mi teléfono. A mi cama. A mi rincón en el mundo.
Encontré que algunas cosas cambiaron. Dos cafés aledaños a mi casa cerraron sus puertas. Wainraich Sebastián no suena más en la radio, dejando huérfanas a mis mañanas. Ni una notita en un post it dejó.
Otras cosas, como los afectos, permanecen inalterables. A Dios gracias. Que vivan los reencuentros y olé.
En las próximas publicaciones copiaré los mails que escribí "in itinere", en versiones tal vez modificadas y corregidas.
Quiero agradecer públicamente a "La Turca", bloggera inclaudicable que, al notar mi prolongada ausencia, me envió un mensajilio para preguntarme si andaba todo bien por casa.
Besos, abrazos y chau con la manito, v.
viernes, marzo 10, 2006
Edipo Rey (dedicado a Meyer y sus reclamos)

Durante el año pasado conocí como a un millón de hombres a través de internet. Citas a ciegas, pero con autogestión. No se ajustaban ni remotamente al patrón típico de la presentación a través de un tercero que conoce a dos personas que pueden gustarse y hace el "gancho".
No puedo (ni me gusta) generalizar, sin embargo existieron ciertas situaciones o preguntas que se repitieron más de una vez. Más de dos. Más de tres.
Concretamente me preguntaban sobre mi pasado sentimental, a lo que yo respondía la verdad: Me enamoré dos veces de dos hombres que eran reyes.
¿Reyes, cómo? preguntaban. Reyes en la nobleza de su alma, decía yo.
Creo que fui bendecida en esta vida. Algo tuve que haber hecho muy bien en la anterior para merecer tamaña felicidad. (Eso no se los decía).
Conocí hombres de todos los colores, y no puedo decir que haya tenido experiencias especialmente traumáticas, así que no voy a meter a todos en la misma bolsa. Hubo algunos que me llamaron más la atención, por sus valores o por la falta de ellos. Algunos hombres mostraron ser héroes de barro, o para decirlo en criollo blandieron su vacío escroto cuando la situación merecía claramente otra cosa.
Hace no mucho conocí a un hombre que vestía pantalones de tiro alto. Lo conocí en una salida donde había más personas. A la vuelta una de las chicas dijo: un hombre que usa pantalones de tiro alto queda automáticamente descalificado.
Personalmente odio los pantalones de tiro alto en un hombre. Sin embargo un pantalón de tiro alto no descalifica a un hombre ante mis ojos. Hace falta mucho más que eso para que le baje el pulgar a un tipo.
Pero quiero rescatar la figura del "pantalón de tiro alto", porque sí creo que funciona (lamentablemente) para mí en otros órdenes. Así que no puedo hacerme la viva.
El pantalón de tiro alto es aquello que no nos gusta del otro, eso que salta a la vista groseramente y que colabora intensamente para decir NO - NI EN PEDO y que pase el que sigue. Me quedé pensando mucho en el bendito pantalón de tiro alto, porque es algo que con el tiempo puede cambiar, o no, pero que, y rememorando mis experiencias anteriores, no incide en si el tipo pueda poner lo que haga falta cuando la situación lo amerite.
En otras palabras, ¿qué es lo importante para mí cuando miro a un hombre? ¿Cuáles son las características que son para mí "el pantalón de tiro alto"?
Hace poco me encontré con Haia, una señora maravillosa que fue pareja de mi papá después de que mis padres se divorciaron. Tuvo conmigo un gesto muy noble, cuyos detalles no voy a contar ahora. El punto es que en charla campechana entre mujeres, le comenté sobre algo que no me gustó de un hombre que había conocido recientemente. Ella me dijo: Pero Valeria, eso lo hacen todos los hombres. Hice una pausa y le dije: Mi papá, no. Y ella me contestó (sin pausa): Es verdad. Tu papá, no. Pero tu papá es un rey.
Y sí. Después de todo, Edipo también era un rey.
Chau con la mano, v.
jueves, febrero 23, 2006
De vuelta a los pagos

Ayer volví de mis vacaciones.
Debo decir que este viaje ha constituído una de las experiencias más importantes de los últimos tiempos. No pasó nada aparentemente extraordinario, pero para mí cruzar el charco hacia territorios charrúas fue también cruzar un charco interno y llegar a tierras de reflexión y descanso a una escala que no imaginé antes de salir de Buenos Aires.
Recuperé mi sueño prolongado y tranquilo. Pude pensar el torbellino de cosas que fue el 2005 y ordenarlas (parece paradójico escribir esto ahora mientras mi casa adolece de desorden agudo post vacacional). Me miro al espejo y veo a una mujer feliz. Y me alegro de ser yo. Tengo más fuerzas para este año nuevo. Y se me ordenaron también los tejos de la azotea, en relación al laburo y otras cuestiones no menores del alma.
Y todo en diez días de sol radiante, atardeceres pintados a mano a minutos de las nueve de la noche en Solanas, amiga a prueba de todo (gracias, Caro), hacer NADA por momentos, empezar a leer The kite runner, comer en Patxi y escuchar las anécdotas de la colimba del flaco. Quedar verde de tanto mate, comer cada tarde galletitas Bridge sin piedad ni contemplaciones, recalar en Kin Sao (shalom, paisanos) y arremeterle a la Rogel sin decir agua va. Aprender y practicar el uruguayo, vó (Carola, campeona). Visitar José Ignacio (re top, gorda) y comer el obligado omelette de algas. Ir al cine. Tomar cortados en vaso. Ir al Ciclista. Ver a tooooooooooooooodos mis primos posibles (familia numerosa, vio?). Comprar alguito en Manos del Uruguay. Llamar a Buenos Aires de cuando en vez. Hacer cola en Buquebus (no los queremos - abajo el monopolio). Hacer un touch and go por la Feria Atesanal. Comer unos melones de novela (de novela, les juro). Ir al Conrad por primera vez y salir rajando. Ra-jan-do. Según Carola, paisaje maiamense con transeúntes indómitas importados vaya a saber de dónde, porque no tenían nada que ver con la geografía general (me pareció una descripción genial). Recordar la infancia. Los Pernigotti que fueron y los helados Smack que ya no existen y los Conaprole que ya no son lo mismo.
Casapueblo que nos llama y no vamos, pero que alguna vez hemos ido. Dante en Gorlero y acordarme de mi tía Amelia comprando los regalos para traer a Buenos Aires. La Fragata, cerrado (una pena). No fuimos a Il Greco. Churros Manolo también pasaron de nosotros. Los sandwiches Napolitanos sin jamón para Carolina. Escuchar inglés y portugués por doquier.
Y la vida bella, desplegándose en las pequeñas grandes cosas.
besitos, v.
martes, febrero 07, 2006
Reventada.com

No.
No se hagan ilusiones.
Este blog no va a transformarse en pornografía barata.
Ni siquiera en pornografía cara.
Ni siquiera en pornografía.
Estoy reventada. Que no es lo mismo que estar de reviente. Ayer nomás descubrí que mi estado de agotamiento físico y mental no soporta demoras para las vacaciones. Que casi tres años sin descanso lejos del mundanal ruido es como mucho.
Así que me dejaré arrastrar por mi amiga Carolina a Punta del Este. Diez días corridos desde el próximo dimonge. Cargaré con el termo y el mate. Ante la mirada de horror de Carolina (en realidad silencio de horror, porque la comunicación fue vía telefónica) también llevaré otros enseres, que a saber son carísimos en la Punta y que la tradición familiar me indica que no debo dejar de comprar en Baires, como aceite (botellita pequeña), yerba (obvio) fideos (un paquete) y algunas latas (odio el atún, pero alguna lata de tomate puede ser). El inventario también contará con té y café instantáneo. Ya me informé: la carne no es cara, la leche es lo más barato de todo, no así la verdura y la fruta. También se puede comer barato en Maldonado, en lo que eran los carritos de chivitos. Ya me explicaron cómo llegar (gracias, Giselle).
Pero alguna noche iremos a Paxi, qué joder.
Me esperan horas de caminata por la playa y por el bosque, horas de lectura, horas de desenchufe. Horas de charlas entrañables con mis amigas con mayúscula.
Todavía no puedo creerlo. Estoy tan feliz con la decisión que me cuesta creerlo.
Les contaré más a la vuelta.
Besos en la frente, v.
martes, enero 31, 2006
Me tomo 5 minutos - me tomo un post
Ahora estoy en una situación parecida, entre mi site InsideBA, las cotizaciones, los brasileños, los americanos, el actual amigo americano Eric y la reserva al restaurant La Estancia de calle Lavalle, las reuniones para mañana en el centro (agobio), los pasajes a Israel para mayo, los relatos de Fernández de la revista La Nación, mi padre, mis hermanos, mi madre - obvio - y los etc. de costumbre que nunca faltan.
La cuestión es que me quiero tomar unos minutos refrescantes, cortar unos minutos la rutina e internarme en el maravishoso mundo de mi propio blog. (Estoy segura de que mi amigo Julio diría "Ah...una joda bárbara!..."). En fin. El porque no tiene un blog.
Quiero contarles lo que me ocurrió el pasado viernes a partir de las 7 de la tarde aproximadamente. El sol comenzaba a caer sobre la ciudad y yo estaba tomando un té en la casa de los padres de mi amiga Gabriela. Gabriela está enferma y por sugerencia de su tía Coca (una traumatóloga residente en el Chaco y reina de los Carnavales) nos aprontábamos a ir a consultar a un sanador que vive en Mercedes, Provincia de Buenos Aires, a más de 1ookm de Capital. Aclaro que ni Gabriela en particular, ni su familia en general son creyentes. Judíos, sí. Creyentes, de ninguna manera.
Así las cosas, las integrantes de la travesía éramos: la mamá de Gabriela (Ester alias Gorda con yeso en el brazo, resultado de una reciente fractura de muñeca), Gabriela (obvio), y sho.
Ya teníamos "turno" gracias a la gestión de la mamá de Gaby con una tal Victoria. Llegó el remis a buscarnos (sin aire acondicionado - una calamidad) y las 3 gordas bajamos con una botella de 2 litros de agua mineral fría, 2 vasos de plástico y con la firme intención de completar nuestras vituallas con sandwiches de miga de la Confitería "La Argentina", cosa que hicimos (muy recomendables por cierto, Cabildo esquina Céspedes - baratos no son, pero valen la pena). El sol nos acompañó casi hasta pasadas las 8, y el viaje estuvo amenizado por los recuerdos de juventud de Ester alias Gorda de sus tiernos días sionistas en Gowland, cerca de Zumerland, bastión de los Comunistas. (Parece un chiste con rima y todo, pero juro que no lo es). La botella de agua fue una aliada fundamental, aunque hasta ese momento todavía no habíamos tocado los sandwichitos.
Ya estábamos llegando a lo del sanador José, cuando todavía en la ruta el chofer nos anuncia que se quedó sin gas y que tampoco tenía nafta. Genial, dije yo. El chofer bajó primero para ver si podía hacer arrancar el auto, luego para ver cómo podía hacer para que lleguemos a lo de José, luego para buscar nafta para hacer arrancar el auto y finalmente para ir a buscar una estación de gas para cargar el ídem.
En ese momento sho dije: me agarró la angustia oral. Y las 3 nos avalanzamos sobre los sandwiches de La Argentina. Gabriela entre mordisco y mordisco anunció que el chofer había sido un boludo por haber dejado que todo esto sucediera y que ni mierda le iba a dar un sandwich. Cuando consideramos que la angustia oral había amainado, y el chofer estaba en la rotonda, a 100 metros de distancia o quién sabía dónde, se nos ocurrió que podríamos hacer dedo. Ya estaba oscuro. Los autos pasaban a mil por hora y los camiones ni les cuento. Como nadie paraba con el dedo tradicional, nos pareció buena idea ponerla a Ester alias Gorda adelante con el brazo enyesado en alto a manera de "Salve Argentina, Bandera azul y blanca" a ver si alguien se apiadaba. Nada. Argentina Solidaria, señores. Copados los vecinos de Mercedes.
A esa altura, lo único que le faltaba a la escena para ser parte de una película de Almodóvar era el tapizado de leopardo y algunos tiros. Por lo demás, estábamos completos.
Finalmente el chofer del remis volvió con otro auto, que nos llevó a lo de José y lo llevó a él a arreglar el tema del combustible para la vuelta. Por supuesto que cuando bajamos y entramos a una especie de sala de espera gigante con bufet incluído, Gabriela anunció que no iba a entrar (qué esperaban?). Se quedó en el patio y no quiso entrar ni al baño, prefiriendo pishar en el medio de los yuyos. Finalmente la angustia cedió y decidió entrar. Yo entré con ella. En la antesala del "consultorio" había imágenes de Jesús y de algunos santos y Vírgenes. Le dije a Gaby, vos no querías hablar con nadie que tuviera que ver con lo religioso, y mirá: lleno de religión por todos lados... ¿Por qué no vas a ver a un rabino y te dejás de joder? A lo que Ester con el humor ácido que la caracteriza respondió: ¿El rabino es más cerca?
Creo que sólo por esa frase me valió la pena la odisea.
Nos estamos viendo.
viernes, enero 27, 2006
El que roba a un ladrón
Resulta que acabo de abrir uno de esos, y me encontré con un texto significativo, pero cuando llegué al final, decía que el autor era Paulo Coelho. Por poco me agarra un ataque. Los que me conocen, saben que pienso que Paulo Coelho es un ladrón con un marketing envidiable, lo suficientemente inteligente para evitar que lo tilden de plagiador (y si no, pregúntenle a Bucay).
Dicho esto, procederé a copiar el texto. Omitiré su autoría porque estoy segura que no es original de Coelho.
Buen Fin de Semana.
Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo. Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces... Nadie recoge cosecha sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra... Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega a puerto sin remar muchas veces... Nadie siente el amor sin probar sus lágrimasni recoge rosas sin sentir espinas... Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo. Nadie llega a la otra orilla sin haber construido puentes para pasar. Nadie deja el alma lustrosa sin el pulimiento diario de la vida. Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad. Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible. Nadie conoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir. Nadie encuentra el pozo del placer hasta caminar por la sed del desierto. Pero nadie deja de llegar, cuando se tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder de realizarse y el impulso de sí mismo. Nadie deja de arder con fuego dentro sin antes saber lo que es el calor de la amistad. Nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone. Si usas todo lo que tienes y confías en ti ¡esfuérzate! porque...¡¡¡VAS A LLEGAR!!!
Sin fe se puede perder un juego cuando ya estaba casi ganado...
sábado, enero 21, 2006
Sin querer volver a los 17
Recuerdo uno en particular, un taxista judío proveniente de Grecia. Dueño de un humor sin igual, habló de muchas cosas durante la entrevista: de sus orígenes, de sus padres, de su mujer, de sus hijos, de su trabajo. Una anécdota me quedó grabada en la memoria. Hubo una época en su vida en que su economía personal no iba bien. Alquilaban la vivienda y hubo un mes en que no pudieron pagar el alquiler. Una noche se dio cuenta que su mujer estaba insomne. Cuando le preguntó la causa, ella le dijo que estaba preocupada por no poder pagar el alquiler... El le contestó: "No te preocupes. El que se tiene que preocupar en todo caso es el dueño...". Ustedes sabrán disculpar... Traducido al español pierde toda la gracia y el sentido. Lo que él quiso decir es que en ese momento no valía la pena preocuparse por algo que momentáneamente no podían resolver. Que si no pagaban no era porque no querían, sino porque transitoriamente no podían y que quedarse despierto a la noche no iba a contribuír a saldar la deuda. En síntesis, si un problema no tiene solución, no es un problema. Y que en todo caso, el hecho de no poder pagar el alquiler a tiempo sin duda era un inconveniente también del propietario...
No sé porqué justo hoy me acordé de esto. No sé porqué quise escribirlo, a sabiendas de no estar transmitiendo con exactitud el significado del relato, sin siquiera contarlo de manera amena para el lector ocasional.
Tal vez es porque los sábados sigo escuchando radio. Tal vez porque escucho el mismo programa hasta las 11.00 y después cambio de radio o la apago. Tal vez porque ahora tomo más mate que café. Tal vez porque añoro la época de las cartas transatlánticas. Tal vez porque hoy estoy más sensible que de costumbre.
Besos en los ojos, v.
lunes, enero 16, 2006
Demoliendo hoteles
Una de las tareas casi obligada de los principios de año es la limpieza de escritorios, cajones, placards, casillas de email, zapatos, etc y afines. He comenzado cada una de ellas y aún no he terminado con ninguna.
Revisando mi casilla de "Enviados" de Yahoo!, he mandado a algunos a la Papelera (que viene a ser el cementerio de los emails). A otros los he reorganizado en carpetas diversas por temas. Y a otros los he rescatado para la posteridad.
El que estoy a punto de transcribir, en realidad más que un mail es un texto enviado por mail. Lo he modificado, porque tal cual estaba me pareció demasiado formal, y tenía más que ver con la persona a quien se lo estaba mandando que a mí misma.
Helo aquí.
El Yo como entidad sólo puede constituirse de manera soberana en tanto puede atravesar el proceso reconocerse a su vez como Otro. Y eso puede ocurrir cuando adquiere la valentía de descentrarse, dejar de ser foco absoluto, para poder dejar huecos, abismos, vacíos. (Condición necesaria - pero no suficiente - para que algo de la novedad irrumpa). La angustia del hueco moviliza a la vez que alumbra la posibilidad.
Sólo cuando el Yo llega a oler la nada, cuando llega a percibir su muda respiración, cuando puede sostener la tensión de su temblor, es que finalmente puede llegar a vislumbrar a ese Otro que lo habita a la vez que lo conforma.
Para identificarlo, es preciso construir una distancia. Medirla, para luego cruzarla. Sortear uno a uno los obstáculos, prescindiendo de los artificios rancios de la inmediatez.
Y es así como, acunado por los borbotones del silencio, puedo verme como Otro. Ese Otro por momentos extraño, contradictorio, ambivalente, paradojal, ajeno. Y sin embargo, si logro tenderle un puente de complicidad, la diferencia entre el Yo y el Otro deja de ser atemorizante para transformarse en tierra virgen recién nacida.
Y es justo en ese instante, en que veo en toda su extensión a mi Yo como Otro, en el que el encuentro pleno con los Otros que transitan este mundo, es posible.
Ni un segundo antes. Ni una canción después.
lunes, enero 09, 2006
Carrie Bradshaw y la Ciudad de las Citas Fallidas
La mejor frase que escuché el día de hoy fue "ser adulto no tiene marketing" o dicho de otro modo, tiene mala prensa. Una vez pasados los treinta y pico, bum! sucede: uno deja de intuír, adivinar, percibir vagamente lo que quiere para que el deseo se transforme en una certeza ineludible imposible de ignorar. El glamour de la histeria se decolora y ya nada volverá a ser igual.La parte buena, es que en todo caso una podrá identificar más rápida y claramente cuando aparece aquello que busca (hombre, trabajo, amigos; pero concentrémonos por esta noche en el hombre). La parte mala es que una vez hecho el descubrimiento, perder el tiempo o hacerse la distraída es mucho más difícil y el costo es cuantitativamente más alto.
En estos días soy una mujer soltera de 36 años. No me avergüenzo al decir que busco un hombre con el cual transitar la vida. Ultimamente he conocido algunos. Algunos interesantes en mayor o menor grado, otros decepcionantes en grado sumo. Otros, curiosamente conjugan los dos calificativos.
El sábado a la noche un hombre me invitó a salir. Era nuestra segunda cita. Cuarenta años, profesor de Historia, inteligente, físicamente agradable (aunque no era estrictamente mi tipo), charla apacible. Pasó a buscarme a las nueve de la noche, y dijo que me llevaría a cenar a un lugar que él conocía. Hago esta aclaración porque en nuestro primer encuentro arguyó que no conocía lugares para ir a tomar café cerca de mi casa (vivo en el barrio de Belgrano, muy cerca de Avenida Cabildo y no lejos de "Palermo Hollywod"). Aclaro, además, que él vive relativamente cerca de mi casa, en la zona del Botánico, por lo cual su declaración de no conocer lugares me resultó rara, teniendo en cuenta que vivimos a un distancia de escasas veinte cuadras. Pero esa noche, la primera, decidí hacer la vista gorda y disfrutar de conocer al hombre que caminaba a mi lado en dirección a Federico Lacroze y Tres de Febrero, a un café que yo sí conocía.
Por lo que me gustó que estuviera decidido a llevarme a un lugar de su conocimiento más allá de que haya hecho o no previamente un market research. Pero, horror, fuimos en colectivo (me siento Jessica Stein al hacer este comentario, pero no puedo evitarlo). Nuevamente decidí echar mano al subterfugio de la vista gorda y no juzgar a una persona por su elección de los medios de locomoción. Bajamos en Av. Santa Fe y Armenia y entramos al Viejo Hermann, un tradicional restaurant de Buenos Aires. Su elección me divirtió y eso me puso de mejor humor, sobre todo porque tenía hambre y sabía que el restaurant elegido cumpliría sobradamente con mis expectativas. Fuimos ubicados en una mesa para dos e intercambiamos impresiones sobre los diferentes tipos de comida que ofrecía una ciudad como Buenos Aires. Me preguntó si conocía el lugar, le dije que sí, que a veces voy con mi papá y que solemos pedir sesos a la lionesa. A su vez, me anotició de que él nunca pide seso porque no le gusta. Nunca lo probé; soy bastante limitado con la comida, me explicó. Hojeé distraídamente el menú, con la impericia fallida de quien busca algo que sabe exactamente dónde encontrar y me detuve en el apartado de chorizos alemanes con guarnición. Chorizos Alemanes (2) con ensalada rusa, $10, 50; Chorizos Alemanes (2) con chucrut, $12,50; Chorizos Alemanes (2) solos, $8,50; Chorizos Alemanes (2) con ensalada de papas, $10,50; Chorizos Alemanes (2) con papas fritas, $11,50. Voy a preguntarle al mozo si me cambia alguna guarnición del menú por una ensalada verde, dije yo. No creo que lo hagan, acá son un poco estrictos, me contestó él. Aunque cuánto más nos va a salir?, continuó a un tiempo que daba vuelta las hojas del menú para ver la ensalada de mi agrado (radicheta a saber, que ni falta hace decir que tampoco le gustaba, que jamás la había probado). Me resultó chocante el gesto, se trataba de una vil ensalada verde, no de la diferencia de precio entre un matambre con rusa y caviar del Báltico. Qué se suponía, qué tenía que pagar yo alguna diferencia? Decidí echar mano a la vista gorda otra vez. Vista que fue subiendo de peso sostenidamente y que a esa altura había pasado de gordita suspendé los postres, a obesa hipertensa con una diabetes en franco ascenso. La Divina Providencia se apiadó de mí, y el resto de la cena transcurrió al ritmo de su charla: apacible. Me gustan los hombres que no hacen de la ansiedad un culto, y estaba frente a uno de ellos.
A la salida del restaurant propuso ir a tomar un café a su casa, cambié su propuesta por un café en un bar; y nos internamos a pie en el corazón de Palermo Hollywood con una llovizna que nos persiguió hasta no tener más remedio que notar su presencia. No tuve ganas de ir a su casa. La verdad es que no lo conocía lo suficiente como para sentir que quería algo con él y tampoco lo que había ocurrido entre nosotros hasta el momento era lo suficientemente estimulante como para arriesgarme.
La charla esta vez se tornó interesante, además de apacible. Me contó de su tránsito por Mar del Plata, de su casa en el Bosque Peralta Ramos, de los Supermercados Toledo, de su ex mujer becaria del Conicet, de sus alumnos, de sus libros, de la empresa de pinturas que había fundado su abuelo y que su padre y él tuvieron la triste misión de cerrar. Yo a mi vez no hablé tanto, sin embargo mis palabras no fueron parcas ni secas, sino sólo pocas y no desentonaron con la cadencia de su conversación. Pasada la una y media de la mañana, el sueño comenzó a rondarme. No por aburrimiento, sino por cansancio, puro, liso y llano. Salimos a la calle: Costa Rica casi esquina Armenia, a 15 metros de la plaza. La temperatura había bajado notablemente y la lluvia cada tanto se hacía sentir. Lo seguí, en mi ilusa creencia de que buscaría un taxi para acompañarme a mi casa. Casi llegando a Paraguay, me di cuenta que mis ilusiones eran vanas, que habían pasado quichicientos taxis y que nos dirigíamos a algún lugar desconocido al que decidí que yo no iba a llegar bajo ningún punto de vista. ¿Estamos yendo a alguna parte?, le pregunté abrigándome con mis propios brazos. A tomar el colectivo, me contestó. Por poco me muero. Tenés frío? Querés que tomemos un taxi? me preguntó. No sé porqué, pero decidí contestarle educadamente "lo que sea más rápido", aunque mi lenguaje corporal me abandonó, porque no terminé la oración que ya me había apoltronado en el primer taxi que cruzó mi vista.
Cinco minutos y seis pesos después que demás está decir, ni pensé en pagar, bajábamos en la puerta de mi casa. Me preguntó si la había pasado bien, mientras un gatito trataba de colarse entre mis piernas y entrar al palier de mi departamento. No me gustan los gatos, aunque no necesariamente soy fóbica a los felinos, con lo cuál el pequeño gatito y yo protagonizamos varios pasos de comedia nada elegantes, hasta que pudimos deshacernos de él. Le dije que la había pasado bien, y no le mentí. Aunque ya la vista gorda se había transformado a esa altura del campeonato de obesa diabética hipertensa a obesa peso pesado tamaño cañón. El episodio del colectivo de la vuelta me superó y empañó para siempre cualquier posibilidad de continuar conociéndolo. Nunca entendí: ¿era una estrategia de seducción? ¿O más bien sencilla tacañería? El problema es que los hombres tacaños no son sexies y lamentablemente los viajes en colectivo los sábados a la noche (o mejor dicho a las primeras horas de un domingo) en compañía de un joven galán, no me resultan glamorosos desde que tengo más o menos 22 años. Por otro lado, a esa hora de la madrugada, los colectivos no pasan uno tras otro, o sea que hay que esperarlos. Qué iba a hacer para amenizar la espera? Sacar un termo Lumilagro con mate cocido? La hipótesis de que su pasar económico sea escaso, queda descartada. El mismo me dijo en su apacible charla que le iban bien las cosas. Y si no fuese así, ¿me interesa volver a salir con un hombre que a los 40 años no tiene seis pesos para un taxi un sábado a la noche?
Creo que pueden adivinar la respuesta.
Hasta la próxima.
jueves, enero 05, 2006
Efecto Cocaine Residual (espero)
No tardó en llegar. Gran parte de los hechos se sucedieron tal como los moldeó mi cerebrito. Otros acontecimientos, quién sabe... Hubo un cambio muy extraño de energías. Quizás sea sólo mi imaginación. Tal vez el cambio de energías sea sólo eso. Un cambio. Sin nada extraño.
Esperar para ver...
Meyer me dice que escribo un poco en clave, con pocas referencias y mucho código interno.
Uds. sabrán disimular las molestias ocasionadas. (Siempre me resultó muy graciosa esta frase "disimular las molestias ocasionadas" - disimular viene a querer decir que una vez que tomamos registro de las molestias en cuestión debemos ignorarlas como signo de educación y buenas costumbres??) En fin. Lo que quiero decir es, como sabiamente postuló Carolina, que el blog es un espacio "decontracté", que no aspira al Pulitzer ni mucho menos y que en resumidas cuentas haga y escriba lo que tenga ganas, y el que no entiende que pregunte y listo el posho.
También, hay cosas que me ocurren que ni yo misma entiendo. Como para ponérmelas a explicar en el blog estoy...